Este edén de las tartas se presenta ante los pacenses como un pequeño rincón en el que ponerle el punto dulce a la vida. Su sello propio ha hecho que su nombre se asocie al de ‘clásico de Badajoz’. Si eres un poco hablador, a partir de la tercera visita ya te llaman por tu nombre: el trato exquisito de Marga, Juan, Dani y el resto del equipo son la cobertura perfecta a la deliciosa porción de tarta que es La Galería.

Precio: 5,30 euros

-¿Está el 'desayunador' de Badajoz educado para desayunar dulce?

Cada vez más. Nosotros tenemos tostadas, claro, pero es verdad que cada vez hay más público que viene a buscar tortitas o crepes por la mañana porque necesitan ese poquito de dulce en su vida.

- Tú fuiste una de las culpables de que la ciudadanía pacense se aficionara a sentarse a merendar relajadamente en un local. ¿Te sientes pionera?

Pionera no se pero sí que creo que conseguimos que la gente venga, se siente, charle y meriende. Es algo más estandarizado en otras zonas de España y aquí no estaba tan al día. Al final lo hemos logrado.

-¿Cómo consigues tener tanta variedad de dulces para el desayuno de la mañana? ¿Cómo se trabaja en La Galería?

Las tartas se hacen el día anterior y yo llego a las 7.30 horas de la mañana para acabarlas, por así decirlo, pero el bizcocho, el relleno, esperar a que cuaje y se endurezca para las coberturas va el día previo. Las tartas llevan su tiempo, no se hacen al momento. Es por eso que cuando la gente nos quiere realizar un encargo para llevarse a casa una tarta les pedimos que lo haga con 48 horas de antelación como mínimo, porque llevan un proceso.

-¿Cuál es el desayuno favorito de los que pasan por aquí?

Te tengo que decir que es muy variado. Lo mismo piden un zumo de manzana y frambuesa con un crepe de nutella que se toman un café con media de aceite y luego dicen «¡ay, ahora ponme un trocito de una 'carrot cake'!», como diciendo «he desayunado y ahora me voy a tomar un trocito de tarta como si fuera el postre».

- Porque no solo de tartas vive tu establecimiento...

No, tenemos también zumos de frutas ácidos, dulces, tropicales... también batidos naturales hechos con helado, no el típico de botella. De infusiones, por ejemplo, tenemos 35, no nos quedamos en manzanilla, poleo menta, te rojo y te verde.

- ¿Cómo se trabaja aquí en el tema de alérgenos?

Es una cosa muy complicada pero lo cuidamos al máximo. Intento ser lo más escrupulosa posible en ese aspecto. Desde el principio tuve clientes que me las pidieron, investigué mucho y al final he conseguido una tarta sin gluten que al final es sin azúcar y sin lactosa. Tres opciones para diabéticos o intolerantes.

- Tu ubicación es estupenda. ¿Crees que el éxito de un negocio pasa por tener el lugar adecuado?

No. Este es mi tercer local pero yo empecé en un local que hacía esquina entre las calles Arias Montano y Montesinos. Era muy pequeñito. Después ampliamos al local de al lado, que parecía una cueva: era muy oscuro e iba hacia dentro. Realmente si tú veías desde fuera aquel local, que es el que lanzó La Galería, nadie sabía lo que había dentro. La gente iba hasta allí a buscarme. Está feo que lo diga pero allí he tenido muchas colas para entrar a merendar. Yo creo que es el trabajo duro del día a día y del equipo, innovar en la carta, estudiar mucho -en mi caso, en referencia a la pastelería para ofrecer variedades distintas- lo que da el éxito.

-Además vosotros sois una empresa familiar.

Exactamente. Aquí estamos mi hijo, mi marido, estaba mi hermana también y ahora la novia de mi hijo. Todos aquí.

-¿Orgullosa de haber sido capaz de echar raíces en Badajoz?

Mucho. Muy contenta. Yo no soy de aquí y me costó mucho entrar en Badajoz, pero ya no me iría nunca.

 LA IDEA QUE NACIÓ COMO RESPUESTA A UNA DEMANDA EN EL CASCO ANTIGUO

Este equipo abrió en 2003 La Muralla, un bar de desayunos y raciones, en la calle Arias Montano. Seis años después hicieron obras para juntar su local al de al lado y crearon La Galería. La primera idea era seguir con el tipo de bar que ya tenían pero Marga se percató de que había un nicho sin cubrir en el Casco Antiguo. «Estaban los de raciones y los de copas, faltaba algo intermedio para que la gente pudiera salir a merendar, así que nos arrancamos». Los inicios, dicen, fueron lentos pero en 2013 la idea ‘rompió’ y La Galería se convirtió en apuesta segura en Badajoz.