«Es, sin duda ninguna, el domingo de Carnaval más raro de toda mi vida». Así lo resumía Raquel León, miembro de la comparsa Balumba. Lleva desfilando más de 20 años y hoy aseguraba que estaba triste.  

Su comparsa es una de las muchas que esta mañana se negaron a quedarse en casa. El grupo al completo, muchos incluso disfrazados, quedó para comer en un restaurante de Badajoz. Junto a ellos estaban otras dos comparsas, Caribe y La Bullanguera. «Este suele ser nuestro plan del martes. Ya teníamos todo reservado y pagado, así que pedimos al sitio que si nos lo podía cambiar de día porque además a nosotros nos toca desfilar a la hora de comer, por lo que hubiera sido imposible venir. Nos han puesto todas las facilidades y aquí estamos, juntos», decía.

Javier Orán, de la comparsa La Bullanguera, aseguraba estar «enfadado». Apenas tenía voz porque «ha sido el sábado de Carnaval que más tarde me he recogido en mi vida, hoy no tenía que madrugar para maquillarme». A su lado Julio Macho, miembro de la comparsa y presidente de Falcap, aseguraba que «es un Carnaval muy distinto a todos los que hemos vivido. Anoche mismo estábamos en la calle y no sentíamos el pellizco en la barriga. Una comida un domingo de Carnaval es atípico». Pytu Carvajal, de Caribe, señalaba el ‘peligro’ de este cambio de día. «Normalmente a esta comida de convivencia llegamos todos agotados y hay mucha gente que incluso no viene. Hoy nos coge con las pilas a tope, veremos a ver qué sale de aquí. Puede pasar de todo», afirmaba, entre risas.

La comparsa La Bullanguera, este mediodía. jota granado

«Hemos avisado también a comparsas de fuera para tener una tarde de convivencia. Si no llueve vienen Los Lingotes, por ejemplo». Si no, cada uno continuaría la fiesta en el local de su comparsa. «Lo importante es estar juntos», remarcaba Macho. 

Comida en Juan Carlos I

Otro punto de reunión de habituales del desfile de comparsas fue Juan Carlos I. El grupo menor Baluarte Carnavalero hizo un llamamiento a través de las redes sociales para que, quien quisiera, pudiera acercarse a compartir mesa «y no perder nuestra tradición de antes del desfile, que es comer todos juntos», decía Gloria Durán, miembro de la agrupación. 

Sobre la mesa había croquetas, pollo, tortilla de patatas y panceta rebozada. «Es la especialidad de un miembro del grupo. Suele ser lo que nos da fuerza y energía para hacer el desfile». 

Baluarte Carnavalero, en Juan Carlos I. jota granado

En la misma avenida, frente a ellos, la murga Yo No Salgo colocó su artefacto. Ellos también salen habitualmente en el desfile del domingo y no quisieron renunciar a pasar el día juntos, por lo que la jornada comenzó para con una barbacoa y terminó con una actividad alternativa que ellos mismos organizaron. «Es el primer certamen Mamarracho 2.0», explicaban. 

La murga Yo No Salgo cantando en los soportales de Juan Carlos I. LA CRÓNICA

Durante varias horas de la tarde estuvieron cantando acompañados de otras murgas como Las Espartanas, Ese es el espíritu, Sa Tersiao o Los Lingartos, Los Camballotas o Los Escusaos, entre otros. Alrededor de las 18.00 horas, momento en el que amainó la lluvia en la ciudad, los valientes que se atrevieron a salir a la calle se encontraron con este carrusel de agrupaciones bajo techo, en los soportales. Decenas de personas rodearon el artefacto de la murga para disfrutar de una tarde improvisada de coplas. «No hemos podido ver el desfile pero nos hemos encontrado con esta sorpresa y nos ha encantado. Quien no se consuela es porque no quiere», decía Marisa Vaca, una espectadora de las muchas presentes en la gris tarde. 

Los carnavaleros han dado hoy, sin duda, una lección de cómo ponerle al mal tiempo, buena cara.