«Estoy nerviosísima. ¿Y si me monto en el avión, me mareo y vomito?», preguntaba en la sala de embarque Leonor, alumna del colegio Nuestra Señora de la Piedad de la Coronada. Soraya, de 9 años, le daba fuerte la mano a su amiga Valeria. «Es que estoy nerviosa». Hasta ayer, ninguna de ellas nunca habían pisado un aeropuerto. Aena y el Aeroclub de Badajoz se encargaron de que eso tuviera solución. 

Soraya y Valeria de la mano en la pista de despegue. LA CRÓNICA

«Se trata, sobre todo, de enseñarles a moverse por un aeropuerto, aquí o en cualquier parte del mundo, y que puedan enseñárselo a los familiares», explica Alfredo Martínez Calvo, técnico de programación y operacoines aéreas de Aena. «Estas visitas también están abiertas a personas mayores y personas con movilidad reducida». Buscando acercar la aeronáutica a los más pequeños, la sociedad pública ha puesto en marcha una iniciativa a través de la cual estudiantes pueden visitar las instalaciones del aeropuerto pacense, entrar en la pista de despegue y conocer el funcionamiento de estos lugares. El aeroclub, por su parte, se encarga de poner la miel en los labios a los más pequeños dejándoles montar en su avión para que puedan, por unos momentos, sentirse pilotos ‘de verdad’.

Dos alumnos a los mandos del avión del Aeroclub de Badajoz. LA CRÓNICA

«¡Ha sido una pasada! No me han dejado arrancarlo, ‘imagínate que lo pongo en marcha!», decían Jairo y Daniel, de 11 años. Ellos fueron los primeros en subirse al avión. «Teníamos que ser los primeros sí o sí».

Durante más de dos horas, los 60 alumnos de este centro pudieron acceder a zonas restringidas del aeropuerto. «Yo he aprendido que un hombre con un halcón se encarga de espantar a las aves para que los aviones despeguen sin chocarse con ninguna», decía Álvaro, de 9 años. «¡A mí hasta se me ha olvidado lo que hemos tenido que madrugar!», decía Rodrigo.

El halconero enseña las aves y su trabajo a los estudiantes. LA CRÓNICA

El tutor de la clase de 5º de Primaria, Luis García, destacaba la oportunidad que supone para los alumnos que nunca han viajado en avión esta visita. «Esto no es accesible a todos, buscamos la oportunidad, la conseguimos y no quisimos dejarla escapar. En mi tutoría, por ejemplo, solo han montado en avión seis niños y tengo 23». La excursión fue obra del trabajo conjunto de tres profesores del centro. Durante las semanas previas, las clases han estado trabajando en un cuaderno informativo que el aeropuerto envió al centro. «Los niños estaban emocionados pero también muy nerviosos».

Al final de la visita Cayetano Barneto, presidente del aeroclub, ‘examinó’ a los pequeños: aquellos que acertaron sus preguntas se llevaron, además de un fantástico recuerdo del día, un regalo de su asociación. «Yo cuando sea mayor quiero ser piloto», concluía Daniel antes de volver al autobús.