Antonio Soisa está abrumado por las muestras de cariño que está recibiendo de los vecinos de Las Vaguadas, sus clientes habituales. «Estoy un poco sobrepasado con eso de que me digan que soy un héroe. No he hecho nada, solo defender lo mío», afirma tras el mostrador de su tienda. 

Este tendero pacense ha sido el único que le ha plantado cara a los ladrones de la moto. Alrededor de las 14.20 horas del martes, los dos individuos hicieron parada en su tienda, Dulcilandia, sin imaginar que se irían de manos vacías. Primero, dice, intentaron asaltar la tienda Candywood -que está en la misma plaza y es propiedad del hijo de Antonio-. Tras encontrarse con este establecimiento cerrado, fueron a por el suyo. «Se pararon en la misma puerta. Uno se quedó con la moto en marcha y el otro entró con un arma pidiéndome el dinero, ninguno se quitó el casco», relata. 

Normalmente con Antonio trabaja su mujer, Mercedes, que justamente ese día «salió antes para recoger a la niña». En ese momento estaban en el interior del local Antonio y una clienta, «una mujer que se puso bastante nerviosa, la pobre. Eso fue lo que me encendió y le dije que se largara de la tienda». 

A pesar de la sangre fría de Antonio, el ladrón siguió insistiendo. «Me amenazó, me dijo ‘tengo una pistola', y le contesté que a mí me daba igual, que se fuera de la tienda ahora mismo».

Viendo que el asaltante no abandonaba sus intenciones, este tendero agarró el cuchillo que tiene «siempre» detrás del mostrador «para la fruta» y le dijo «esto son armas y no lo que tienes tú, tira para la calle». 

Soisa asegura que el ladrón tocó el gatillo «pero sonó como a plástico, se notaba que no era de verdad aunque daba el pego». Finalmente abandonaron la tienda sin conseguir su objetivo. «La moto es buena y saben conducir porque un acelerón mal dado te tira de la moto y ellos se fueron atravesando el llano que está al lado de la tienda». Fue entonces cuando llegaron a la gasolinera BP de la rotonda de Las Vaguadas, primero de los cuatro establecimientos donde sí se hicieron con el botín. 

«Por la voz me pareció que eran jóvenes. Además el que entró es una persona bajita».

Agentes de Policía Nacional ante la tienda de Antonio, ayer. ANDRÉS RODRÍGUEZ

Autodefensa

Este tendero asegura que no sintió congoja en ningún momento, sino más bien «necesidad de defenderme. Tenemos que defendernos. No voy a estar yo todo el día trabajando para que ahora vengan a llevarse la poca caja que haya hecho al mediodía».

Ahora tampoco tiene miedo. La misma tarde del suceso volvió a abrir su tienda y así continúa haciéndolo cada día desde entonces, «sin temor alguno», aunque sí dice que agradecería «algo más de presencia de policía en la calle para que a la gente se le quiten las ganas de hacer estas cosas».