Las Croquetas de Fer es todo un ejemplo de cómo un autónomo puede reinventarse y triunfar. Ha elevado la croqueta a producto gourmet, presente en la carta de los mejores restaurantes. En plena expansión del negocio, espera llegar al medio centenar de variedades para ofrecer a sus clientes. Transformó el restaurante familiar en Torremegía en un obrador y fue la mejor decisión de su vida. Fernanda Soto es la reina extremeña de las croquetas artesanas y el galardón de La Crónica de Badajoz vino a consolidar su ese apelativo.

¿Qué se siente siendo la reina extremeña de las croquetas artesanas?

Sentimos una gran satisfacción por el galardón de La Crónica de Badajoz. Nosotros no pensamos que somos los reyes de nada. Todo el mundo hace croquetas y las hace muy buenas. Eso sí el reconocimiento nos anima a seguir, después de tantos años de trabajo. No nos lo esperábamos, porque no pensábamos que unas croquetas bien hechas merecieran un premio de tanta categoría. Lo que sí es cierto es que el público cada vez tenía una mejor opinión del producto y las ventas iban subiendo.  

¿Cómo ha cambiado su negocio desde 2017?

Sobre todo hemos crecido mucho. Cada día le echamos la misma ilusión y hacemos el mismo producto, mejorando cada vez. Hemos aumentado la producción y en difusión de nuestro producto en el consumidor. Vamos progresando, poco a poco, pero sin parar. Empezamos haciendo 10-20 kilos de croquetas diarios. Ahora hacemos 200 kilos. Con los compromisos que tenemos en el futuro nos vamos a ir a una cifra bastante superior.

¿Cuál es el secreto de la croqueta artesanal? ¿No es complicado tener casi 40 referencias?

No es muy complicado. Lo fácil sería hacer solo diez variedades de croquetas y repetirlas. A medida que tu oferta crece y la variedad del producto. Cuando a un cliente le dices que puedes ofrecerle hasta 45 tipos de croquetas diferentes entonces piensa que eres otra cosa. Lo hemos hecho sobre todo por imagen. No hay ningún secreto. Lo importante es mantener el equilibrio de la masa y utilizar buenos productos en su elaboración, independientemente de la variedad que sea. También es importante la cantidad, que se vea el ingrediente de la croqueta. Una buena croqueta no tiene que saber solo a una cosa, tiene que verse el ingrediente, que el consumidor lo paladee y lo note. Una croqueta de jamón, además de saber a jamón tiene que verse el jamón, por ejemplo, porque saborizantes hay muchos.

¿Cómo se transforma un restaurante en un obrador?

Hemos adecuado los espacios que tiene y se instalan las cámaras, el obrador, el espacio para envasado y el almacén correspondientes. Se hizo por necesidad, queríamos salir del mundo de la hostelería, que todos sabemos que es muy sacrificada, con horarios muy extensos y dedicación ardua. Nos planteamos hacer croquetas y vimos que nuestro producto gustaba. Al poco tiempo la demanda se nos iba de las manos. Entonces decidimos arriesgarnos en otra aventura empresarial, que afortunadamente ha salido bien. 

¿Qué papel ha jugado la aceptación del público en el despegue de su negocio?

Todo. Cuando empiezas a elaborar un producto no sabes cómo va a ser aceptado. Tu progreso va en función de la aceptación que tiene en el consumidor. Si el producto interesa por el precio y por su calidad el consumidor los sigue comprando y aumentando el número de croquetas diarias. Todo está en función de la relación calidad-precio. Es cierto que las croquetas gourmet y las croquetas artesanas no son tan baratas como muchas que vemos en el mercado. Si el público te compra cada vez más estás obligado a hacer más.

¿Cómo se mantienen las croquetas sin conservantes?

Nosotros no vendemos croquetas refrigeradas, las hacemos ultracongeladas. Cuando salen de la olla, en la que hacemos más de cien kilos a la vez, automáticamente pasan a una maquinaria que las ultracongelan en una hora y pico. Están libres de bacterias y no pierden nada. No necesitan conservantes porque las ultracongelamos. Las croquetas refrigeradas son más complicadas, necesitan unos envases especiales y si no se consumen son un problema.

Han priorizado lo auténtico frente a lo industrial. ¿Es rentable?

Es rentable siempre que tu producción la dirijas a un público que te pueda pagar croquetas al precio que tú le pongas. Si tu croqueta es distinta, encima está buena y la relación de la bechamel con la materia prima es correcta… ahí está el secreto. No podemos olvidar que estas croquetas son de elaboración manual. Cuando sale la croqueta de la dosificadora es una bola sin forma y tenemos seis operarios especializados en manipularla, que encarece el producto.

¿Qué distingue una croqueta gourmet de una que no lo es?

Precisamente eso que acabo de contar: cómo está hecha y los ingredientes que tiene. Si se emplean buenos ingredientes y está hecha a mano… es que es una croqueta gourmet. Sus calidades convierten al producto en algo delicioso.

¿Han notado más clientela desde la concesión del galardón?

Sí, lo notamos al principio, porque llevamos solamente seis años. Es verdad que solemos salir en televisión con motivo del Día Mundial de la Croqueta, el 16 de enero. Pero también hacemos mucha promoción nosotros porque acudimos a muchas ferias gastronómicas por todo el país, no solo en Extremadura. El premio fue un punto de partida y nos sirvió para confirmar que lo que hacíamos tiene valor e íbamos por el camino correcto.

¿Pueden decirse a qué restaurantes surte? ¿O al menos a cuántos?

No puedo decir nombres. Hay clientes que sí, porque ya nos conocen mucho y hay confianza. Entonces dicen que las croquetas son de Fer. Otros no, pero nos da igual. Nosotros vendemos las croquetas. Cada semana se nos suele sumar un cliente nuevo y tenemos más de un centenar.

¿Cómo es trabajar en familia?

Todo es cuestión de planteárselo. Somos muchos los de la familia que estamos trabajando en las Croquetas de Fer. Que nos conozcamos no está exento de seriedad ni de hacer las cosas correctamente. Cuando tienes un negocio estás centrado en él. Mientras trabajamos la seriedad es imprescindible para que las cosas funcionen.