Els Joglars cierra esta noche la 46 edición del Festival Internacional de Teatro y Ramón Fontseré (Torelló, Barcelona, 1956) no puede más que celebrarlo. «La programación de este año es espléndida.Nosotros llevábamos diez años sin venir al festival, es demasiado». Vuelven por todo lo alto, con entradas agotadas. «Badajoz tiene un público ‘joglars’, siempre hemos llenado. Estoy deseando actuar y luego, ponerme a dieta jamón».

Presentan el espectáculo número 41 de la compañía. ¿Cómo hacen para que no se desgaste la creatividad? 

Lo cierto es que no hay nada más creativo y más fantástico para inspirarte que la realidad. 

¿En qué momento está la compañía ahora mismo? 

Con 61 años de existencia... ¡aquí estamos, aguantando! Con la dirección de mi maestro Albert y el equipo actoral actual, que es muy bueno, hemos vuelto un poco a lo que habíamos catado antes. El que representamos esta noche es un montaje fantástico con el que, además, nos lo pasamos bien.

‘Els Jogars’ ha sido criticado por gobiernos de todos los colores. Por si no tenían bastante, ahora van a por Casa Real. 

Bueno, esta es una obra entre lo humorístico y lo trágico. Creo que hacemos un retrato muy humano de Juan Carlos I.

¿No meten mucho el dedo en la llaga esta vez? 

No es una sátira ni mucho menos. Yo creo que la vida de este hombre es discordante, repleta de contrastes. En ese sentido, claro, podemos imaginar que si Shakespeare o Molière hubieran vivido en esta época hubieran sido seducidos por este hombre. 

Un momento de 'El Rey que fue' LA CRÓNICA

Juan Carlos de Borbón como musa, quién lo hubiera dicho.

Es que las situaciones que él ha vivido y creado dan mucho juego. La obra es un recorrido también por lo que a lo largo de estos años le ha llevado a este hombre a esta situación de exilio y soledad. María Cristina de Borbón tiene una frase cojonuda, «te aseguro que si tuviera yo que dar un castigo a alguien, le haría rey de España». Desde la cuna marcados, imagínate... Por otro lado tienen esa cosa de la impunidad: como las cosas han cambiado nos damos cuenta de que JuanCarlos es el último rey antiguo de Europa, el último que aún se considera de esta estirpe intocable.

No todo el mundo puede hablar de Casa Real y salir indemne. ¿Es el escenario el último reducto de la libertad de expresión?

Claro, el teatro es el arte supremo de la libertad absoluta. La ficción es para que el público vea en cuerpo ajeno los vicios de la sociedad. Esto es lo que ya hacía Aristófanes, poner a la gente a reflexionar. Y el humor es la manera ideal de protestar. Nosotros lo practicamos pero no inventamos nada. Hay que ser valiente para ir contra el propio público, para sentarlos y enseñarles sus carencias.