Segunda asociación de vecinos que decide suspender sus fiestas del barrio en esta semana. Tras la renuncia del Cerro de Reyes, La Paz -cuyas fiestas estaban previstas para los días 14, 15 y 16 de septiembre- decidió ayer cancelarlas ante la imposibilidad de afrontar los gastos que conllevan los nuevos requisitos exigidos por el ayuntamiento. 

«Nosotros comenzamos a organizar nuestras fiestas en junio porque son tres días pero conllevan mucho trabajo. A más de un mes de su celebración hemos decidido suspenderlas porque hay que ser realistas, no tenemos dinero para todo lo que se nos exige», explica Antonio Campos, secretario de la asociación de vecinos del barrio. De acuerdo con sus explicaciones, en un año ‘normal’ el coste de estos días puede rondar los 4.000 o 5.000 euros, dependiendo del año. El colectivo ha echado cuentas y la celebración de este año podría salirles por encima de los 8.000 euros, «es imposible para una asociación. ¿De dónde vamos a sacar nosotros dinero para pagar, por ejemplo, a un guarda de seguridad durante horas y horas? ¿Cómo vamos a pagar un seguro para un escenario? No llegamos». El secretario define la situación como «inesperada» ya que «en vez de facilitar, se nos ponen problemas. Me duele, no me imaginaba yo esto del ayuntamiento», dice.

Campos afirma, además, que hay servicios que ya tiene contratados, como los fuegos artificiales, los seguros y los equipos de música. «Esta semana nos tocará reunirnos con ellos, explicarles la situación y deshacer el camino andado». 

La tradicional comida benéfica del barrio, pieza clave en las fiestas, tampoco podrá celebrarse. LA CRÓNICA

Actos solidarios

El secretario pone el énfasis en la comida solidaria que cada año realiza la asociación de vecinos, una celebración que tampoco podrá llevarse a cabo. «Hacemos una comida benéfica, este año una garbanzada. Los vecinos ponen un euro y donábamos lo recaudado a la Asociación Española Contra el Cáncer. No solía ser mucho pero los 300 o 400 euros no se los quitaba nadie. Esta pérdida es la que más me duele». Sin querer abandonar su vena solidaria, el colectivo vecinal está buscando la manera de no dejar a la AECC sin la donación, «aunque lo tengamos que poner de nuestro propio bolsillo».