En el centro Abril siempre es primavera. No es una cuestión nominativa sino más bien práctica: todos los adultos que por allí pasan, florecen mientras terminan sus estudios entre las paredes del centro.

El Centro de Educación de Personas Adultas (CEPA) ‘Abril’ lleva abierto tantos años que ni su propio equipo docente lo recuerda. «Se llama así porque al principio estábamos en la calle Abril, imagínate», afirma su directora, Concha Flores. Tras innumerables promociones de alumnos que han conseguido con éxito lograr sus metas, este año han ido un paso más allá: por primera vez han celebrado una ceremonia de graduación para los alumnos que titulan. «Surgió casi sin querer. Todos los años hacemos una pequeña fiesta en las aulas cuando el curso termina pero nos faltaba hacer este acto, este reconocimiento al esfuerzo tanto de los alumnos como de las familias», explica.

Dicho y hecho, se pusieron manos a la obra y ahora 53 alumnos han recibido su diploma y su banda. «No son todos los que promocionan, algunos no pudieron estar, pero al acto han venido incluso alumnos que han cursado sus estudios a distancia», afirma Abel Mangas, miembro del equipo docente.

La residencia universitaria Hernán Cortés fue el escenario y en el acto no faltaron ninguno de los ingredientes habituales: ramos de flores, lágrimas, un vídeo con fotos de las actividades que realizan en el centro y un discurso de graduación.

Rocío Olivera, encargada de dar el discurso de graduación SANTIAGO GARCIA VILLEGAS

Rocío Olivera fue la encargada de pronunciarlo. «Ha sido muy valiente», dice la directora. Olivera se emociona solo con recordarlo. «Mi padre me miraba, también estaban mis mejores amigas. Mis apoyos. Todos estaban orgullosos», dice. Rocío tiene 36 años y llevaba 17 sin coger los libros. Decidió matricularse tras un parón laboral. «Las dos primeras semanas fueron horrorosas, cuesta mucho hasta que retomas los hábitos, pero empiezas a aprobar y ves que puedes, te hace ilusión», cuenta. La directora del centro explica que «hasta aquí llega gente con la autoestima muy dañada. Su paso por aquí supone empoderamiento y nuevas oportunidades. Se van con un título pero, sobre todo, creyendo en ellos mismos». Rocío está ahora matriculándose para hacer las pruebas de acceso a la universidad.

Carmen Caminero posa en la que ha sido su aula durante todo el curso. SANTIAGO GARCIA VILLEGAS

Carmen Caminero dice que el suyo es el «ejemplo de que este centro cambia vidas». Tiene 48 años y decidió volver a estudiar porque «la expectativa es jubilarnos a los 67. No podía estar dedicándome a algo que no me hacía sentirme satisfecha». Carmen se hace a sí misma, con valentía y orgullosa. Ha aprobado 3º y 4º de la ESO en un solo curso sacando una media de sobresaliente. «Creo que es un buen ejemplo para mis hijas», afirma. Ellas y su marido la miraban con el pecho hinchado mientras recogía su banda. Ahora quiere estudiar para ser Técnico Sanitario. «Yo doy las gracias cada día al equipo docente que me ha cambiado la vida y animo a todo el que en casa crea que no puede o que no vale, a que venga hasta aquí y vea que no es cierto».