«No esperábamos que tanta gente quisiera venir a compatir el día con nosotros, ¡nos hace ilusión!». Así resumía el día Claudia García, vicepresidenta del Club Piragüismo Badajoz. «A las nueve de la mañana ya había gente esperándonos, ¡y empezábamos a las 10.30! A las diez ya hemos comenzado a lanzar gente al agua», afirmaba sorprendida.

Los miembros del club ayudaron a los improvisados piargüistas Andrés Rodríguez

El grupo de competición de este club quiso ayer mostrar lo mejor de su casa, el Guadiana, y organizó una jornada de puertas abiertas que consiguió reunir a más de 200 personas de todas las edades. La mecánica era sencilla: cualquier persona que supiera nadar y se acercara a sus instalaciones con ropa adecuada podía coger un chaleco y salir a pasear en piragua por los 200 metros de río que tiene el club acotados para el uso. «He venido a pasear y me he encontrado esto a tope. Me ha encantado, está el río como cuando yo era chico», decía Francisco Rodríguez, que caminaba por la orilla ayudado por una muleta.

Había cola para conseguir un chaleco salvavidas, esencial para montar con seguridad Andrés Rodríguez

Predominaban las familias pero había usuarios de todas las edades. José Pablo Salgado acompañaba a su hija Carmen, de 10 años. «Vinimos con su hermano antes de la pandemia, disfrutamos mucho, ahora le toca a ella», decía el padre. La niña confesaba estar muy nerviosa. «Es mi primera vez».

Carmen y José Pablo Salgado esperando en la orilla Andrés Rodríguez

A su lado, haciendo fila para conseguir chalecos, estaban Alberto y Lola Cava, hermanos de 9 y 6 años. «He practicado este deporte en otros sitios estando de vacaciones. Me gusta mucho y quiero montar a mi hermana», afirmaba el mayor. Salieron juntos a navegar y, con buena sincronización, dieron dos vueltas por la zona cercana a la orilla bajo la atenta mirada de un monitor.

Alberto y Lola surcando entre risas el Guadiana Andrés Rodríguez

Marina Barrientos y Manuel Guerra, miembros del equipo de competición, vigilaban en agua y tierra que todo se hiciera correctamente. «Esta jornada a nosotros nos sirve de descanso después de una semana dura de entrenos, nos gusta enseñarle a la gente nuestro ‘patio de recreo’ y presumir de deporte. Es importante darle sentido al río con estas actividades». El botón de muestra de estas palabras era el grupo de niños que, una vez terminado su paseo, se bañaban tranquilamente en las aguas del Guadiana. La imagen parecía sacada de varias décadas atrás.

Un bañito para paliar las altas temperaturas Andrés Rodríguez

Antes de marcharse, todos los improvisados deportistas recibieron información del club, de sus instalaciones y sus cursos de verano. «Todo el mundo es más que bienvenido», decían los monitores. Las piraguas surcaron las aguas durante toda la mañana, incluso con el calor apretando a la hora de comer. «Tenemos que volver otro día», le decía Jaime a su padre al pisar tierra firme. El adulto le chocaba la mano, «eso está hecho». 

Jaime Leonés y su padre disfrutaron de un día pasado por agua Andrés Rodríguez