Una de cada tres de las 5.013 personas atendidas en 2022 por Cáritas de Mérida-Badajoz eran migrantes. Esta cifra rompe la tendencia a la baja que se había mantenido durante los últimos años y hace que los extranjeros representen ya el 30% del total de usuarios a los que presta ayuda. En solo un año, los solicitantes de este grupo de población han aumentado más de un 10%, un dato que «preocupa» a la institución, que advierte del riesgo de que esta situación se cronifique.

La oenegé de la Iglesia no pide papeles a quienes asiste, por eso desconoce cuántos de ellos se encuentran de forma irregular en el país, pero es consciente de que son un alto porcentaje, lo que los deja en una posición aún más vulnerable: con mínimas posibilidades de acceso al mercado laboral y «condenados» a la economía sumergida.

El incremento de migrantes que acuden a Cáritas no es el único dato preocupante que desvela la memoria de 2022, que este miércoles presentaron el arzobispo, Celso Morga, el delegado espiscopal, Francisco Maya, y su director, Jesús Pérez Mayo, ante la celebración, este domingo, del Día de la Caridad. 

Pese a que han disminuido en un centenar las personas atendidas el año pasado con respecto al 2021, el balance, que tras las cifras esconde rostros, revela otras realidades alarmantes, como el incremento en un 5% los demandantes que tienen que recurrir por primera vez a la ayuda de la institución para subsistir ; y que el 42% de  los beneficiarios (1.830) llevan más de 3 años acompañados por Cáritas y su número sigue en aumento.

Medidas para romper la dependencia

«Aunque la economía remonta y existen ayudas como el Ingreso Mínimo Vital, hay un grupo de población a la que no llega y nos preocupa esta cronicidad», reconoció el director de Cáritas, quien defendió la necesidad de aplicar políticas para lograr «romper esa dependencia» y abogó por la necesidad de aplicar medidas que "mejoren el empleo en Extremadura".

Aunque la institución atendió 5.013 personas, los beneficiarios fueron más del doble: 11.148 personas. Siguen siendo las mujeres las que principalmente acuden a Cáritas a pedir ayuda (71% frente a un 29% de hombres) y el perfil mayoritario se mantiene: mujer española, con más de 45 años y con grandes dificultades para acceder al mercado laboral por su género, edad y baja cualificación.

El empleo es para la oenegé una de las principales herramientas para escapar de la exclusión social y la pobreza. En su Centro de Promoción y Empleo atendió a 561 personas el año pasado, de las que 6 de cada 10 eran mujeres y un 19% de los usuarios encontraron un puesto de trabajo.

En cuanto a los programas para personas sin hogar, por el albergue de Bravo Murillo y el centro de emergencia de Mérida pasaron 252 personas, de las que 56 fueron derivados a otros recursos tras decidir dar el paso de dejar la calle. El Centro Hermano, en la ciudad, y el del Padre Cristóbal, en la capital autonómica, acogieron a otras 237. 76 de ellas consiguieron el alta terapéutica tras lograr abandonar sus adicciones, hallar un empleo o alquilarse su propia vivienda. Además, a los 7 pisos de autogestión han tenido acceso otros 46 usuarios.

Jesús Pérez Mayo, Celso Morga y Francisco Maya, este jueves en el Arzobispado de Mérida-Badajoz. LA CRÓNICA

«Vivimos tiempos de crisis acumuladas y no podemos mirar para otra parte, debemos abrir los ojos. Cáritas no puede solucionar todos los problemas, la Administración es la responsable, pero nosotros debemos hacer más de lo que hacemos», reflexionó Morga, quien agradeció la labor de los voluntarios (1.547), trabajadores y socios. «Si Cáritas no existiera, habría que inventarla», dijo.

También Maya puso en valor el trabajo de las 128 Cáritas Parroquiales de la archidiócesis, a través de las que la Iglesia «está acogiendo a los más pobres en barrios y zonas rurales», afirmó. 

Cáritas de Mérida-Badajoz destinó a ayudas y programas el año pasado más de tres millones de euros.