La ermita de la Virgen de Bótoa y sus alrededores registraban movimiento desde el sábado, cuando llegaron los primeros romeros. Numerosos fieles pasaron la noche en tiendas de campaña. Otros, sin embargo, preferían madrugar «para coger sitio, una encina buena», decía Juan Tamudo. Tiene 75 años y su nieto Pablo Broncano, 16. Ayer eran la viva imagen de la tradición en Bótoa. «A las nueve ya estábamos aquí para que mi señora esté cerca de la ermita», explicaba el abuelo mientras el nieto se afanaba en limpiar varias mesas de plástico. A escasos metros, María y Mercedes, hermana, le preparaban un columpio a Lara, de ocho años. «Es mi primera romería, me lo estoy pasando genial», decía la pequeña mientras su madre y su tía tenían en la mente a sus antepasados. Estos recuerdos fueron el denominador común del día. Maite Crespillo se emocionaba al recordar a su madre. «Yo hacía esto con ella desde pequeñita, así la sigo teniendo presente». 

Bailarinas de Coros y Danzas de Badajoz ante la Virgen de Bótoa. Andrés Rodríguez

Según Gonzalo Robles, hermano mayor de la cofradía, los tres actos religiosos estuvieron llenos, especialmente la Misa de campaña que se celebra en las traseras de la ermita. Eran las 11.15 horas cuando la co-patrona de Badajoz abandonaba su templo, que hace unos días recibió un ‘lavado de cara’ para tapar los destrozos que hizo la borrasca Efraín. Los cantos de las lavanderas la acompañaron hasta la sombra de una gran encina. Miles de personas esperaban a esa hora a la Reina de los Campos. «Aún no tenemos datos pero nos ha pasado algo que no había ocurrido nunca antes: hemos agotado las cintas que vendemos a las puertas de la ermita antes de que comenzara la procesión», explicaba Robles, que tildó de «fantástica» la edición de 2023 a pesar de que «ha hecho mucho calor». Bajo la encina también se encontraban el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, el alcalde de Badajoz, Ignacio Gragera, portavoces de otros grupos como Ricardo Cabezas, Ángela Roncero o Marcelo Amarilla y otros miembros de la corporación municipal. El pregonero de este año, Francisco Javier Fragoso, también se dejaba ver emocionado: aseguró estar viviendo una de sus romerías más especiales de su vida.

En la Misa, el capellán pidió a la Virgen lluvia para paliar la sequía.

El pregonero 2023 de la romería de Bótoa, Francisco Javier Fragoso, bajo una encina. Andrés Rodríguez

Una jornada sin incidentes

Al término de los actos religiosos comenzó la procesión hasta la encina de las apariciones. Esta estuvo encabezada por un numeroso grupo de caballistas entre los que se encontraba Eustaquio Piñero. Este jinete comenzó a hacer el camino a caballo con 14 años, tiene 63. Tras ellos, el estandarte, las lavanderas, la Virgen de Bótoa y las instituciones, así como los coros de los centros de mayores Campomaior y San Andrés y los Coros y Danzas de Badajoz. 

Eustaquio Piñero es actualmente el jinete que más tiempo lleva haciendo el camino de Bótoa a caballo. Andrés Rodríguez

Antes de llegar a la mitad del recorrido, como manda la tradición, la Virgen de Bótoa hizo una parada en la residencia de ancianos Lisardo Sánchez para que los internos pudieran ser partícipes del día. 

Emilio González Barroso fue el encargado de subastar el ramo de la Reina de los Campos, que se entregó por segundo año consecutivo al alcalde de Valdebótoa, Francisco José Elías, por 1.500 euros. El rosario de la Virgen se subastó en 1.100 euros y fue a parar a Juan Pablo, de la hermandad del Rosario.

El día terminó con miles de familias conviviendo bajo las encinas. Muchas de ellas optaron por hacer una barbacoa: el viernes se obtuvo la autorización para poder encenderlas durante este fin de semana. Todas se realizaron con el estricto control de la Guardia Civil. La satisfacción y la emoción de los romeros fue la tónica general de esta edición.