Los vecinos del Casco Antiguo de Badajoz confían en que las nueve cámaras de videovigilancia que instalará el Ayuntamiento de Badajoz en sus calles contribuyan a atenuar «la impunidad» en la que se mueven quienes trafican con droga o delinquen en el barrio y logren devolver la sensación de seguridad que tanto echan en falta. Saben que no es una solución definitiva y que debe acompañarse por otras medidas, como el incremento de la presencia policial en la zona, pero se muestran optimistas con los resultados que darán.

La empresa adjudicataria de su suministro e instalación ha comenzado ya a marcar los puntos en los que se colocarán y se han realizado las primeras pruebas. El compromiso del equipo de gobierno es que estén funcionando en un mes. Los vecinos las esperan como agua de mayo. 

Un responsable de la empresa adjudicataria junto a los concejales de Policía Local y Patrimonio Histórico y el superintendente de la Policía Local en uno de los cruces donde se colocará una cámara. LA CRÓNICA

«Es una herramienta muy importante, que, además, ya ha demostrado su eficacia como elemento disuasorio principalmente», señala Luis Pacheco, presidente de SOS Casco Antiguo, quien defiende que para que las zonas «más marginales» del barrio comiencen a ser atractivas para la llegada de nuevos vecinos la seguridad «es un pilar fundamental». A su juicio, el tráfico de drogas y la especulación inmobiliaria son los dos principales problemas del centro histórico, con 28.000 metros cuadrados de planta deshabitada entre parcelas sin construir y viviendas en ruinas. «Es un doble problema, porque el primero se aprovecha del daño del segundo. Si no hubiera droga ni especulación, las calles estarían más pobladas y aseadas y eso impulsaría el comercio y los vecinos tendríamos más fuerza para reclamar los equipamientos y servicios que necesitamos», asegura.

Según Pacheco, aunque «aún queda mucho trabajo por hacer», la instalación de estas cámaras de videovigilancia suponen una «apuesta por el Casco Antiguo». «Ojalá dentro de unos años podamos pedir que las quiten», deseó el presidente de la plataforma vecinal, quien consideró «un mal menor» su instalación. En este sentido, explica que no quieren tener «un ojo que todo lo ve» a perpetuidad, aunque su uso se haga con todas las garantías constitucionales, pero reconoce que en estos momentos son muy necesarias. «La policía está presente en nuestras calles, está trabajando, pero la delincuencia lleva arraigada décadas y sabemos que no puede haber un agente en cada calle», expone Pacheco, quien señala que, a pesar de esa presencia policial, «se menudea y trafica a diario de un modo casi impune y descarado».

El portavoz de SOS Casco Antiguo coincide con el presidente de la asociación de vecinos del barrio, Javier Fuentes, en que la puesta en marcha del Grupo de Intervención y Apoyo Policial de la Policía Local (Giapol) y la operación Marwan de la Policía Nacional ha mejorado la situación con respecto a la delincuencia en el centro histórico, pero eso no significa que sea suficiente ni que se deban conformar. En este sentido, Fuentes aboga porque haya vigilancia policial por las noches durante los siete días de la semana, para lo que han propuesto al ayuntamiento que un policía local que se encargue de este cometido. «Sería una especie de sereno, pero con funciones policiales», explica. «La sensación de que esto es un territorio impune se tiene que acabar, porque eso genera un caldo de cultivo para que la gente campe a sus anchas para delinquir y cometer actos vandálicos», advierte.

Las cámaras, de última generación, antivandálicas, con gran precisión y 360 grados, se colocarán en 8 puntos. Siete irán en cruces de calles, lo que permitirá que la zona vigilada sea más amplia, y las otras dos en la plaza de España y el Museo Arqueológico. La reivindicación de que se instalaran partió de estas dos asociaciones, las de empresarios del Caco Antiguo y Menacho, Amigos de Badajoz, la Cívica y la Asociación contra el Ruido Espantaperros, después de la oleada de robos y asaltos que se produjo en el barrio en el 2017.