Ha tenido que ser la canción seleccionada en 2024 para representar a España en Eurovisión la que nos recuerde el uso machista de los nombres de ciertos animales en femenino. 

No es casual ni mucho menos que gran parte de los cuentos infantiles protagonizados por animales hayan sido sobre todo de sexo masculino. Tal vez ya sea hora de reivindicar el papel de la cerda, la perra, la loba y, por supuesto, la zorra; y descontaminar a estos términos de esa pátina viscosa a la par que peyorativa que el heteropatriarcado se ha encargado de mantener durante siglos. Es verdad que, en una de las fábulas atribuidas a Esopo, ‘La zorra y las uvas’, sí que aparece la hembra de este mamífero cánido de generosa cola pero no es lo habitual. El zorro es el astuto, el listo; y la zorra... la zorra es exactamente igual de sagaz que el zorro, no la idea despectiva de una fulana o pelandusca que nos han querido imponer. Incluso se iba más allá, era considerada una zorra aquella mujer que transgredía una norma, un mandato o un estereotipo, no solo aquella que vivía su sexualidad de manera libre, semejante a un varón. Hace tiempo alguien descubrió, con bastante buen criterio, que una de las formas más eficaces de combatir los insultos y agravios era reapropiándose de ellos para, por así decir, desmagnetizarlos de esa carga negativa y hostil y resignificarlos. De ese modo se desactiva el insulto -puta, zorra, maricón o bollera- y se hace bandera de la ofensa para convertirla en algo reivindicativo y político para luchar contra el machismo, la homofobia o la transfobia. Y es lo que, para mí, intenta hacer el dúo de electropop español Nebulossa con su tema ‘Zorra’, más allá de que pueda gustar o no esta canción. Al detenerse uno en su letra percibe que hay una carga de ruptura radical con los estereotipos, un hartazgo de tanto agravio histórico y la respuesta no puede ser más inteligente: devolverles la pelota a los que escupen, señalándoles sus sesgos y sus prejuicios, logrando que la vergüenza cambie de bando y que sean los intolerantes los que tengan que dar explicaciones. Desde luego que esta canción ha generado debates y controversias de lo más variados pero ¿acaso no tiene esa misión la cultura, la creación artística y musical? Quienes se escandalizan deberían viajar en el tiempo y escuchar el sencillo ‘Me gusta ser una zorra’ (1983) de Vulpes. Seguramente en esos años había en nuestro país más libertad para crear, para reír, para provocar… que en la actualidad, cuando la aparición en el escenario de una raposa liberada genera una neurosis entre los miembros de una caverna que quiere hacernos retroceder a tiempos de oscuridad y opresiones. Por suerte, la zorra ha salido de su guarida con ganas de gritar lo que siente a los cuatro vientos.