El 7 de noviembre robaron en dos tiendas de Carrefour Express, en Ronda del Pilar y en Pardaleras. Los dos atracos se produjeron con el mismo modus operandi: dos jóvenes llegan en moto y, sin quitarse el casco, uno entra en el establecimiento y amenaza a quien está en el interior, en ocasiones con una pistola, y se lleva el dinero de la caja registradora. Los ladrones circulaban en una scooter. El 8 de noviembre volvieron a entrar en el Carrefour Express de Ronda del Pilar y en el bar Tiempo de Café, en Pardaleras. El 14 de noviembre forzaron la puerta lateral de la Casona Baja, cuando el bar restaurante aún estaba cerrado, y se llevaron el dinero de la caja y del bote. En las imágenes de la cámara sólo se ve a un asaltante, que oculta su rostro con un casco de moto. La mañana del 15 de noviembre se produjeron otros 3 asaltos, aunque dos se quedaron en el intento, todos en el Casco Antiguo. Rompieron el cristal de una ventana de la Tapería de Carmen y el ladrón se quedó con la recaudación. Fue más el daño que el botín. Lo intentó en El Farol y en El Tronco, pero no consiguió forzar las puertas. En estos casos, el ladrón era uno solo, no circulaba en moto y no llevaba casco. Esa misma madrugada atracaron otro bar en la plaza de los Alféreces, Lo Nuestro, donde sí consiguieron acceder. Se llevaron 800 euros y dos lomos doblados.

Entre tanto, ni en el Ayuntamiento de Badajoz, como responsable de la Policía Local, ni en la Delegación del Gobierno de Extremadura, a quien atañe la Policía Nacional, parecían darse por aludidos. El mensaje que transmitían era que ambos cuerpos coordinan su acción de manera continuada y que la ciudad no estaba descuidada en cuanto a vigilancia policial.

Uno de los días en los que el delegado del Gobierno, Francisco Mendoza, se puso a tiro de los medios de comunicación, al ser preguntado por la oleada de robos, llegó a anunciar un plan conjunto con el ayuntamiento. Un plan que resultó no ser tal porque se desvaneció en la siguiente oportunidad que hubo para preguntarle, a la vista de que los atracos continuaban. Ayuntamiento y Delegación el Gobierno seguían sin reaccionar, ante unos sucesos que estaban sembrando de temor e incertidumbre los negocios, no solo del Casco Antiguo.

Miren por donde el pasado lunes, sin previo aviso -a la prensa, se entiende- hubo una reunión de coordinación entre los responsables municipales y de la Delegación del Gobierno. Asistieron el alcalde, Ignacio Gragera, y Francisco Mendoza, además de los jefes policiales. Del resultado del encuentro informaron con una nota de prensa; así no había posibilidad de preguntar. En el comunicado relataban que esta reunión se encuadraba en el marco de los contactos «habituales» de trabajo que mantienen ambas instituciones. O sea, que no era una cita extraordinaria, como extraordinaria es la situación de inseguridad que se está viviendo en Badajoz en las últimas semanas. Afirmaban además que habían analizado los últimos «acontecimientos» (no delitos, acontecimientos, como pueden ser una celebración o una lluvia torrencial) que han incrementado la «sensación» de inseguridad. ¿Sensación?. ¿Lo que está sucediendo no son hechos objetivos? ¿No hay motivos reales para estar preocupados?

Tanto es así que al día siguiente de la reunión se produjeron cinco asaltos en otros tantos negocios por los jóvenes en moto, esta vez una moto de campo. Sucedió en Ciudad Jardín y Las Vaguadas, al día siguiente de que ayuntamiento y la delegación anunciasen que intensificarían la presencia policial en el Casco Antiguo, sin concretar cómo ni cuándo ni con cuántos efectivos. Los cinco asaltos del día siguiente no ocurrieron en esta zona de la ciudad. Pero ocurrieron. No fueron una «sensación» sino una realidad y la tozuda y preocupante realidad es que los autores han estado semanas campando a sus anchas y han ampliado su radio de acción sin que ningún responsable haya visto motivos de alarma. Así nos va.