Cada primero de diciembre Badajoz se llena de portugueses que vienen para deslumbrarse con el alumbrado navideño y realizar compras en El Faro y el centro de la ciudad, como anticipo a las próximas fiestas. Aprovechan para ello un día ‘feriado’, en el que se conmemora en el país vecino la recuperación de su soberanía en un conflicto armado contra el Reino de España: Guerra da Restauração. Se inició el 1 de diciembre de 1640 con los sucesos en el lisboeta Terreiro do Paço, en el que un grupo de nobles, después de conseguido el apoyo formal del hasta entonces reticente duque de Braganza, asaltó la residencia de la virreina, de Margarita de Saboya, duquesa de Mantua. Esta rebelión duró hasta 1668, año en el que se reconoció a un nuevo rey para Portugal: João IV, de la dinastía de los Braganza. Resulta curioso cómo meses antes, con unas motivaciones similares de oposición política, en la Barcelona y en la Cataluña dejunio de 1640 se iniciaba, con el Corpus de Sangre, una sublevación de los catalanes (la guerra de los Segadores). En ambos territorios los acontecimientos evolucionaron de manera distinta: hacia la independencia en el caso de Portugal y hacia la reincorporación a la Monarquía Hispánica de Cataluña. Han transcurrido casi cuatro siglos y las reivindicaciones independentistas de una parte de la sociedad catalana, a través de formaciones políticas como Junts y ERC, se han reactivado con la previsible aprobación de una ley de amnistía. Más desconocido en la opinión pública española es el escenario político de Portugal en la actualidad, con una situación laberíntica tras la renuncia hace varias semanas del primer ministro, António Costa, por detenciones e imputaciones de altos funcionarios de su gobierno por lo que la Fiscalía estimó que eran delitos de corrupción, prevaricación y tráfico de influencias. Con el correr de los días, despejada la polvareda, se empezaron a difundir desaciertos en la investigación de la Fiscalía, que incluían errores en transcripciones y, al parecer, todo se ha quedado en frágiles acusaciones sin apenas pruebas que las sustenten. Las críticas a la justicia portuguesa no tardaron en llegar. ¿Y si el primer ministro de Portugal ha dimitido por nada? ¿Es todo esto casual? ¿O había algún interés en provocar un terremoto político y derrocar al gobierno socialista luso, que contaba con mayoría absoluta? Lo que tiene claro Portugal es que celebrará elecciones generales anticipadas el 10 de marzo de 2024. Ojalá sirvan para una restauración; no como la de 1640, sino de la plena normalidad democrática y sin que se repitan acusaciones infundadas del Ministerio Público, capaces de derribar un ejecutivo.