Fue un invento del alcalde Miguel Celdrán preparar cada año lo que denominó Plan de Impulso a la Economía Local, que definió en su presentación como un listado de inversiones con las que incentivar la actividad de los negocios de la ciudad, que incluía desde obras a adquisición de instrumentos de música para la banda. El Plan de Impulso que cada año aprueba el Ayuntamiento de Badajoz es una relación de proyectos que financia con sus ahorros, los que resultan de la liquidación de cada presupuesto.

En las primeras ediciones ocurría que el remanente obligaba a acometer las inversiones antes del 31 de diciembre y buena parte de ellas, las que tenían plazos de ejecución plurianuales, se quedaban a medio hacer y se tenían que retomar los meses posteriores tras la liquidación del presupuesto, con el consiguiente retraso. Fue un invento del siguiente alcalde, el también popular Francisco Javier Fragoso, encontrar una herramienta para salvar este obstáculo, de manera que lo que hace cada año el ayuntamiento es pedir un préstamo a una entidad bancaria que amortiza con el remanente cuando liquida el presupuesto y todos en paz. Todo sea por agilizar los proyectos que se anuncian a bombo y platillo antes de que expire cada ejercicio.

El de 2023 no iba a ser menos. Esta semana el pleno del ayuntamiento ha aprobado -¡por unanimidad!- el Plan de Impulso más cuantioso de cuantos ha sacado adelante la corporación, dotado con 25,7 millones de euros. Hay quien habla de la ‘carta a los Reyes Magos’ para referirse a este listado, que admite de todo. Aunque a la hora de hacer balance cuando se presenta el siguiente, lo cierto es que buena parte de la lista aprobada un año antes está aún por ejecutar. En el equipo de gobierno, el propio alcalde, Ignacio Gragera, insiste en que estas actuaciones carecen de horizonte temporal y que se acabarán haciendo. El problema es cuándo. Se sabe que la maquinaria de la Administración es lenta y los procedimientos se alargan. Pero ¿tanto?.

Se van a cumplir dos años desde que el ayuntamiento adquirió el conventual de la calle San Juan con Bravo Murillo, que tantas expectativas generó por la repercusión en su entorno. Un año después de firmar la compra, el consistorio anunció una inversión de 4,7 millones de euros dentro del Plan de Impulso aprobado en 2022 para la rehabilitación de este inmueble. En este tiempo, que se sepa, no se ha hecho nada. Al menos no ha trascendido. Dice el alcalde que no han estado de manos cruzadas. Asegura que se han acometido «trabajos previos» de demolición, limpieza y desescombro, que ahora se tendrán que hacer algunos derribos parciales y un estudio de arqueología para sacar el proyecto para que se ajuste a la «realidad física» del inmueble y así evitar encontrarse con cuestiones inesperadas. «Son grandes proyectos que requieren grandes plazos e información previa que a veces es difícil conseguir», señaló, al tiempo que pidió «paciencia». Se habrá hecho algo o no. En el nuevo Plan de Impulso va precisamente una partida de 215.000 euros destinada a las demoliciones previas selectivas y la arqueología de este inmueble, un epígrafe que casa perfectamente con la descripción que realiza Gragera sobre lo que tiene que hacerse ahora.

Paciencia. Que nadie se emocione con el último Plan de Impulso que acaba de aprobarse, porque no se materializará de un día para otro. Paciencia. La voluntad está y la partida existe. Puede que sea lo más importante si es verdad que, como dice el alcalde, se acabará haciendo tarde o temprano. 30 años lleva el ala izquierda del teatro López de Ayala en bruto y sin uso. 20 años lleva el Museo de la Ciencia a la espera de un lugar que le sirva de sede. El ayuntamiento es la única Administración que se ha atrevido a dar el paso de aprobar una partida para ocupar este espacio. Eso sí: habrá que armarse de paciencia.