Tuvo que pasar casi un siglo y resultar fallida la Segunda Cruzada para que, con el comienzo de la Tercera (1189-1192) se constatase la súbita aparición de avances muy notables en el campo de la poliorcética. Jerusalén había vuelto a las manos de sus dueños naturales y el inteligente Salah al-Din b. al-Ayyub -ustedes lo llaman Saladino- había pasado a la ofensiva y se había apoderado también de Acre. Para recuperar la Ciudad Santa se organizó la Tercera Cruzada. La fuerza expedicionaria la formaron los ejércitos del Sacro Imperio Romano Germánico -Federico I-, de Francia -Felipe II- y de Inglaterra -Ricardo I-. Era una coalición tan potente como compleja. El primero de los monarcas se ahogó en el camino. Fue a la llegada del segundo a las cercanías de Acre, porque los agresores habían decidido reconquistar esa plaza para, desde allí, intentarlo con Jerusalén, cuando comenzaron a llegar noticias del uso por los franceses de unos artilugios de gran tamaño para expugnar los muros. Luego fueron los ingleses los que hicieron algo semejante. Las noticias iniciales sobre esos hechos son oscuras, porque proceden de textos poco explícitos. Sí parece que aquellos europeos se habían dotado -o habían comenzado a hacerlo- de una tecnología que parecía casi inédita hasta ese momento. Pero este extremo resulta extraño en la medida en que, precisamente, sus primeros usuarios fueron occidentales. Ha habido muchas discusiones entre especialistas y desde hace mucho tiempo, pero no disponemos de respuestas concluyentes. Con todo, los estudios arqueológicos sobre las fortificaciones latinas de Oriente Medio han progresado mucho. En gran parte, la dificultad de las dataciones de recintos se basa, fuera de causas alógenas de fácil comprensión mirando el mapa, en estar apoyados solo en fuentes escritas y, en algún caso muy especial, epigráficas.

En el transcurso de las siguientes cruzadas casi todas las obras sufrieron modificaciones, que dificultan el conocimiento arqueológico de las fases más antiguas. Lo cierto: las novedades aparecidas durante la Tercera se difundieron rápidamente por todo el Mediterráneo, por Europa, por Oriente Medio y por el Norte de África. Pronto se verían aquí.