En 2019 España fue el segundo país más visitado del mundo con 83,5 millones de turistas internacionales. Portugal fue el decimoséptimo con 24,6 millones de visitantes extranjeros tras una década de acelerado crecimiento. La pandemia redujo el turismo y cambiaron las posiciones en el ranking mundial. Este pasado año 2022 ya se están rozando los datos del 2019 por lo que, si no vuelve a haber otra crisis, en 2023 podrá volverse a batir un récord histórico. De nuevo, al igual que pasó con la crisis del 2008, el turismo ha sido un buen salvavidas para España y Portugal.

A muchos les parece que eso es una debilidad. Evidentemente sería preferible que también fuésemos líderes en industrias 4.0, pero la realidad es la que es y al final siempre nos queda el turismo, la industria del automóvil, con sus novedades eléctricas y para gran parte del territorio la agro-ganadería. Y de estos sectores nos deberíamos sentir muy orgullosos y apostar por su mejora y crecimiento.

Pero también es cierto que el turismo en España tiene algunas debilidades, a pesar de haber crecido en la pasada década un 50%. Seguimos teniendo una gran dependencia del segmento de sol y playa, que probablemente sea el de menor valor añadido, el más estacional, el de mayor concentración territorial, el más contaminante, el de mayor rivalidad competitiva y el más dependiente de agentes exteriores, llámense comercializadoras o crisis de distintos tipos.

España y Portugal como destino turístico conjunto son líderes absolutos en cuanto a visitantes internacionales, pero pueden serlo también en gasto turístico, en productos singulares y en sostenibilidad, y para ello puede tener en la Raya Ibérica uno de los destinos con mayor potencial de crecimiento. Si se menciona como un tópico la singularidad cultural, patrimonial, de naturaleza y gastronómica de España, en la Raya, combinándola con las realidades de Portugal adquiere una dimensión mundial inigualable. Parece algo fácil de percibir y con este fin se han lanzado múltiples planes de desarrollo turísticos, incluso en el pasado mes de noviembre se aprobó por ambos países una estrategia común de Turismo Transfronterizo. Pero en turismo no basta con tener buenas ideas, tener recursos o voluntad política, para que se desarrolle una industria turística hace falta tener fácil accesibilidad a los mercados masivos. Y hoy por hoy la Raya sigue siendo la periferia incomunicada de ambos países. Excelente para un turismo artesanal, pero eso no aportará ni la riqueza ni la población que requiere la sostenibilidad del territorio, y sin volumen de negocio y sin trabajadores especializados es muy difícil desarrollar la industria turística. La Raya no puede seguir siendo la periferia ibérica cuando debe ser su centro de gravedad.