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El Periódico Extremadura

Ascensión Martínez Romasanta

Nada como una huelga

Protesta de empleados municipales coincidiendo con el pleno del miércoles. Andrés Rodríguez

En el Ayuntamiento de Badajoz está visto y comprobado que con una huelga bien armada que deje a la ciudad desbaratada el colectivo convocante consigue sus objetivos. Aunque después de la negociación ambas partes siempre defiendan que han tenido que ceder para llegar a un punto de encuentro, no es cierto: el que pide no cede nada porque partía de menos y ha conseguido más de lo que tenía y el que da siempre pierde porque antes daba menos de lo que a partir de ahora va a conceder.

Esto de tener un sindicato propio es un chollo, comparable al de un partido regionalista en el Congreso de los Diputados, pues aun siendo una cámara de representación nacional, los pactos que firme serán en beneficio de su tierra, no del país al completo. Es el gran valor de Aspolobba, el sindicato mayoritario de la Policía Local y de los bomberos de Badajoz. Hay que reconocerle que sabe luchar por los suyos, sobre todo porque no tiene que rendir cuentas ante nadie más. Entiéndase por nadie el resto de trabajadores municipales. Llevará tiempo reclamando la equiparación salarial para la Policía Local con otras fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, pero le bastaron 12 horas de negociación y amenazar con dejar desprotegidos Los Palomos y la feria de San Juan para conseguir el propósito por el que llevaban luchando meses. Avisaron con tiempo. Que viene Aspolobba. Hasta que Aspolobba llegó y enseñó los dientes. No pudo celebrarse el Triatlón Puerta de Palmas porque no había policías que cubriesen de forma voluntaria los servicios extraordinarios. También se suspendió la prueba de ciclismo adaptado. No iban de farol.

El equipo de gobierno estaba advertido, pero no se lo creyó hasta que vio las orejas a Los Palomos. San Juan estaba a la vuelta de la esquina y había que hacer algo rápidamente. Algo que cuesta 2 millones de euros a las arcas municipales y que, solo este año, va a suponer la amortización de 20 puestos de trabajo, nada más y nada menos, en servicios ya de por si depauperados. Al actual alcalde, Ignacio Gragera, y a sus socios del PP no les ha costado mucho dar su brazo a torcer. El resto de empleados públicos del ayuntamiento no han tardado en darse cuenta de que puede ser su momento y no descartan ponerse en huelga, aunque aún no saben cómo ni cuándo. Anda que si el alcalde fuese el popular Francisco Javier Fragoso se iban a manifestar algunos de los jefes de servicio que han salido a la calle tres días, en horario laboral, para pedir el mismo trato que los policías locales. Anda que sí. Como tampoco Fragoso -y menos su antecesor, Miguel Celdrán- se hubiese dejado echar el pulso de la Policía Local para conseguir tanto en tan poco tiempo.

Menos sonora ha sido la protesta de los conductores de Tubasa, la concesionaria perenne del servicio municipal de autobuses urbanos. Les ha bastado dos días de servicios mínimos escuálidos para que la empresa acceda a sus pretensiones que, como siempre, se ciñen a mejoras retributivas. En realidad no es la empresa la que cede, sino el ayuntamiento. Porque la Administración local está obligada por contrato a cubrir el déficit del servicio público, es lo que se denomina equilibrio financiero, de manera que si el capítulo de gastos de personal de Tubasa aumenta, el ayuntamiento está obligado a cubrir la diferencia. En definitiva, otro agujero más para las arcas municipales. No es de extrañar que los empleados municipales amenacen con parar la actividad, a la vista de lo que otros colectivos -con uniforme, eso sí- han logrado sin apenas poner el grito en el cielo. El alcalde -y el PP lo deja hacer- está demostrando que es fácil de convencer, que tiene alergia a los conflictos y que no es capaz de conciliar el sueño sin paz social. El sueño de gobernar no es hacer balance de los logros cuyos cimientos pusieron los antecesores, por muy ágil que sea su gestión. Un gobierno responsable debe medir las consecuencias a un plazo más allá de las próximas elecciones. Salvo que se tenga muy claro que para lo que le queda en el convento ...

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